Wednesday, February 5, 2014

La despedida

Un joven y una muchacha están solos en el balcón de un boliche de Palermo. Él viste de smoking negro, ronda los dieciocho años. Ella, de la misma edad, tiene un vestido rojo largo hasta las rodillas con un pronunciado escote en la espalda en donde se ve el tatuaje de un sol. La muchacha saca, nerviosa, de su cartera un paquete de cigarrillos. Toma uno con los dedos temblorosos, lo lleva ansiosa hacia sus labios húmedos. Él tiene las manos apoyadas sobre la baranda y, en la luna, la vista perdida que vuelve para mirarla.

- Es muy raro.- Rompe el silencio mientras ella exhala la primera bocanada y asiente con una sonrisa.- Pero estoy muy feliz.

- Yo también.- Contesta ella al tiempo que se corre su pelo castaño de la cara pálida y da una nueva pitada al cigarrillo.- Nunca me imaginé que pudiese pasar eso. Lo deseaba, me moría de ganas, pero no pensé que vos.

- Y yo ni…- sonríe al minar terla frase, saca su vista de la luna y gira para encontrarse con los ojos húmedos de ella.- ¿No te arrepentís?

- No.- Resopla indignada.- Cortala con eso, ya te dije mil veces que no me iba a arrepentir. Me hubiese arrepentido si no actuaba, si dejaba eso trunco. Ahí me hubiese arrepentido.

- Sos tan linda, te voy a extrañar.- Contesta, mientras pierde nuevamente su mirada en el horizonte, en la noche estrellada.- No sé si hice bien o mal. Pero ayer supe que era la última vez y no pude contenerme.

- Yo, también te voy a extrañar. Hicimos bien, no empieces a torturarte al pedo. A mí me cuesta el doble. Abrir esta puerta es terrible más estando…

- Lo sé, lo sé, desde que entraste el año pasado, en cuarto, me flechaste y me callé por eso… Me mordía los labios al verlos tan bien y a vos tan segura de lo que sentías. Pero ayer no pude controlarme en lo de los chicos, ¿me perdonas? No quise joderte, te respeto.

- Dejate de hinchar, no tengo nada que perdonarte. Hice lo que sentía e insisto la pasé muy bien.

- Soy tan boludo. Esperar hasta quinto, hasta el final, para abrirme. Siempre te pensé como un imposible, estabas en otra y yo me moría de ganas de que te dieras cuenta de que quería estar con vos. Y ayer cuando me enteré, a la mañana, de que te ibas no pude callarme a la noche. Pasó lo que tenía que pasar, sí, pero como nació, murió.

Ella se acerca al costado de él que tiembla volviendo los ojos a la luna que sigue estando redonda y vigilante. Tira la colilla a la calle, apoya las manos en la baranda, la derecha al lado de su izquierda.

- Entendés, siento que no nos conocimos cuando teníamos que conocernos.

- Nos conocimos cuando nos teníamos que conocer, Leandro. Ayer fue el momento indicado. Creo en el destino y esa era la forma. Teníamos que estar juntos. Yo quise estar con vos, pero no me animaba y además está…- El silencio incomoda a ambos, la nostalgia de él se le contagia a su voz.- Nada… me voy a Mendoza, no a China. Calculo que vendré de visitas, tengo familia acá, y nos podemos encontrar.

- No sé, ¿qué sentido tiene? Te voy a seguir jodiendo, ya bastante con lo de ayer.

-  ¡Sos terrible! A ver, nadie me obligó. ¿Sí? No me jodiste.

- Si vos no me querés ver es otra cosa, lo respeto.

- ¿Cómo no voy a querer?

- Pasa que ahora el verte todas las semanas se convertirá en una vez cada mucho. Va a ser duro. Antes me esperanzaba y me ponía ansioso con la llegada de la hora en que te iba a ver. Ahora, esa hora va a ser amarga tan cargada de tu ausencia va a quedar. Hasta antes de ayer con que me dieses un beso en la mejilla y me peleases era suficiente para alegrarme. Ayer, todo eso que nos tiene acá y ¿mañana?

La mano de ella se apoya sobre la de él que aleja su mirada del horizonte para clavarlos en los de ella que tiembla de pies a cabeza. Una lágrima cae y él la ataja con su dedo. Se besan en un profundo abrazo.

- Mañana, no sé qué decirte del mañana.

Él asiente con tristeza, mientras la luna se esconde al parpadear.

- Me va a costar mucho. No me voy a olvidar de nada.

Ella se muerde los labios deslizando un leve “Yo tampoco” mientras se limpia los ojos con un pañuelo rosa y mira con sorpresa adentro del boliche.

De golpe, ingresa al balcón otro joven de la misma edad de ellos también con un smoking.

- Amor, Leandro, ¿qué hacen acá? Se viene el vídeo y el brindis.- Moviendo una mano como una matraca y batiendo su cabellera rubia se acerca al joven que voltea y ve a la muchacha que se acerca al rubio.- ¡Vamos que después es la fiesta!

- Sí, vamos.- Responde el joven al tiempo que los mira salir, ve sus espaldas, el sol tatuado y se despide con un movimiento de cabeza de la luna que fue testigo.


Sunday, January 19, 2014

Para corazones rotos nada mejor que una porción de pastel de arándanos


Esta vez comparto el comentario de una película del gran director chino Wong Kar-Wai en el mundo de Hollywood que reflexiona en que se puede seguir adelante a pesar de los golpes el amor: "My Blueberry Nights (2007)" 

La trama presenta tres historias conectadas y enmarcadas por el personaje de Elizabeth que destrozada por un desengaño amoroso, conoce a Jeremy (Jude Law), el dueño de un bar, al cual le da la llave de su ex (que la ha abandonado) para que se la devuelva. Con los días de visitas para ver si el otro las había pasado a buscar, se va entablando una amistad en la que la ayuda a curar sus penas con pastel de arándonos y  historias sobre otras llaves, cual "Las mil y una noches", como relato para salvar de la muerte, del dolor. Sin embargo, luego de largas noches, decide partir de Nueva York para olvidar y encontrarse a sí misma.  

De esta manera, conduce hasta un pueblo en donde trabaja en una cafetería de día y, de noche, en un bar. Allí conoce a Arnie (David Strathairn), un policía alcohólico que también intenta olvidar, pero con menos suerte, a Sue Lynne (Rachel Weisz), una femme fatale por la que vale la pena morir. Al culminar dicha historia, se marcha a Las Vegas donde conoce a Leslie (Natalie Portman), una jugadora de póquer desconfiada de todos y, en especial, de su padre.  

Todas esas historias sirven para darle a Elizabeth una forma de aprender cómo se representa el amor en cada persona, cuáles son sus consecuencias, qué dolores provoca. Estas se convierten en un camino para rearmar su personalidad y volver al punto en que la espera Jeremy quien ha intentado ubicarla comunicándose por la narración de sus postales, sus historias de viaje. El que haya otro en el final del camino es  motivo para recorrerlo No fue tan difícil cruzar esa calle, después de todo. Todo depende de quién espera al otro lado.” 

Es interesante destacar el motivo de las "llaves" pues el encuentro con Jeremy la hace tropezar con una gran cantidad que él guarda en un frasco sobre la barra, la suya propia tambiénEstos llaveros pertenecen al pasado, guardan sentimientos, congelan el tiempo y enlazan historias de amor truncadas que esperan volver a empezar – ¿Crees que vendrá a por las llaves?/ - No lo sé. /- Los clientes llevan años dejándome llaves.- A veces se las llevan a los pocos días. A veces a las pocas semanas.- ¿Y la mayoría de las veces? La mayoría, las llaves se quedan en el jarrón.- ¿Y por qué las guardas? Deberías tirarlas.-No. No podría hacer eso.- ¿Por qué no?- Si tirase las llaves… esas puertas quedarían cerradas para siempre. Y no soy quién para decidir eso. Sin embargo, también existe una visión pesimista que Elizabeth plantea: A veces, aunque tengas las llaves, esas puertas aún… no pueden abrirse, ¿no? Incluso si está abierta la persona que buscas tal vez no este ahí. 

Se puede pensar que las tres historias enmarcadas en el viaje de Elizabeth representan el camino simbólico de un ser en búsqueda del deseo de iniciar su propia historia amorosa luego de sepultado el deshonor. Una huida emocional por la ruta 66 que la conduce a  distintas lugares con las que comparte su experiencia, aprende y cobra sentido esa frase que dice “¿Cómo le dices adiós a alguien al que no puedes imaginarte sin él? No dije adiós. No dije nada. Sólo me marché. Al final de esa noche, decidí tomar el camino más largo para cruzar la calle.. Así como las sombras de los trenes acechan a los personajes, los recuerdos también. Las personas y los recuerdos se conforman en un todo que hace que ella sienta que algunas veces nos espejamos. El otro y la experiencia de reconocerlo es ese viaje de búsqueda interior que arranca en Nueva York, va por la ruta 66, pasa por Las Vegas y llega directo al corazón. "A veces dependemos de otras personas como espejo. Para definirnos y decirnos quienes somos. Y cada reflejo hace que me guste un poco más lo que veo.” 

Finalmente, hay que exaltar los bellos planos que regala Wong, su precioso manejo de la imagen. Con ella propone el juego de frenar el tiempo, como la del rostro de Elizabeth a punto de ser besado por Jeremy mientra duerme o las lentas entradas al bar de Sue LynnePor otro lado, los trenes, los tranvías, los caminos y las rutas, en cambio, le servirán para acelerar y mostrar lo fugaz, la caducidad y lo transitorio.

Sunday, January 5, 2014

Un libro joroschó y nadsat

Anthony Burgess, el autor de La naranja mecánica, nació en Manchester, Inglaterra, en 1917 y falleció en 1993 y es considerado uno de los principales novelistas en lengua inglesa. Inició su carrera de escritor en Malaya (denominación británica de un los estados que constituyeron, en 1963, la Federación de Malasia) durante los últimos años de la década de los 50. Escrita en 1962, la obra está inspirada en un durísimo acontecimiento que vivió en Gibraltar. Allí se enteró de la internación de su esposa en el hospital de Londres. Esta había sido asaltada en la calle por un grupo de desertores americanos que intentaron robarle y la golpearon hasta provocarle el aborto de su hijo. Luego de ese horrible episodio tuvo la inspiración necesaria para escribir un texto violento, provocador y brutal. 

La historia nos sitúa, más que en un oscuro futuro indeterminado, cruel y pesimista, una verdadera antiutopía. Allí vive Alex, el narrador homodiegético en primera persona. Un chico de ¡quince años! que le encantan la música clásica, en especial “La novena” de Beethoven, estar siempre a la última moda, la violencia, el sexo duro con lindas chicas, no ir a la escuela, no respetar a sus padres, y demás acciones que a cualquiera le escandalizarían o no, en un niño de quince años el cual lleva todo eso adelante con goce. Se reproducen, en cierta manera, hiperbolizados, los nuevos valores de la sociedad de posguerra. Una sociedad que solo desea satisfacer su goce a través de la violencia y el sexo para evadirse de la basura que propone una sociedad decadente. 

Es a causa de esa realidad, que este adolescente tiene su pandilla de vándalos a los que llama “drugos”[1], con los que sale a golpear ancianos, a violar, a robar. Pero la violación no es una violación cualquiera, sino que la mujer que la sufre es la esposa de un escritor, que está escribiendo chan, chan, chan, “La naranja mecánica”Puesta en abismo interesante. Se puede pensar, teniendo en cuenta lo planteado al comienzo, que Burgess hace en la introducción de este violento suceso arte de su sufrimiento, logra sublimar su padecer en obra de arte.  

Pero este film, nos mostrará que no se puede vivir siempre en el desenfreno y, por eso, en una de esas “tiernas actividades”, a Alex se le pasa la mano y  mata a su víctima. Entonces, sus “drugos”, lo traicionan, lo dejan solito, viene la policía y termina preso. Aquí, Alex pasa a ser un largo número, entrará en un sistema penitenciario que buscar reformarlo a través del nuevo sistema de rehabilitación: “Ludovico”, que consiste en algunas inyecciones y ver películas, lo que al niño le parece algo no tan terrible y acepta gustoso. Pero resulta que los films no son para que goce, sino que le pasan escenas de pura violencia, con un aparato que le mantiene los parpados abiertos, mientras que un médico le pone gotas en los ojosEl sistema conductista utilizado por el gobierno, para restituir a los presos (basado en el behaviorismo y en Skinner) funciona a la “perfección”. Alex responde con  repulsión ante la violencia, ante el deseo sexual, ante la música clásica. Sin embargo, esta "curación" se convierte en un problema para él, pues a partir de aquí debe enfrentar al mundo que sigue igual o peor de enfermo que cuando lo dejó. En conclusión, vuelve a un espacio que se plante en contra de él pues es rechazado por sus padres, atacado por un grupo de ancianos, casi muerto por sus ex-drugos, que son policías yen último lugarutilizado con fines políticos. 

Más allá del gran estilo literario, de la utilización de un dialecto inventado, de las escenas de brutal violencia, el eje de la novela es: el humano visto como máquina capaz de ser moldeado dentro de un espacio perverso y decadente. Pesadilla de anticipación de la decidía, la incomunicación y la decadencia de la sociedad occidental del siglo XX que, luego de las grandes guerras y en tiempos de la "guerra fría",
se encierra en los escapes de goce que el sistema le otorga. 

Léanlo, me es difícil decirles que lo disfruten, pero si pueden, háganlo. Si no quieren leerlo sepan que está la película, una de esas de culto. El director Stanley Kubrik (Odisea 2001: en el espacio, El resplando), la llevó a la pantalla grande en 1971, protagonizada por Malcolm McDowell, como Alex 

Curiosidades

La verdadera traducción del libro no es “La naranja mecánica”. Recordemos el titulo original, A clockwork orange. La palabra “orange” significa “naranja” en castellano. Sin embargo, en este caso proviene de “ourand”, palabra de origen malayo, donde vivió muchos años Burguess, y quiere decir “persona”. Por lo tanto, según el juego de palabras creado por el autor, el titulo real de la novela es La persona mecánica. Tenemos la idea de un ser que es manipulado y manipulable como una máquina, fíjense si se cumple o no en el libro. 

Los Violadores, banda de rock argentina, tienen un tema con palabras nadsat, una canción que muchos conocen: “Uno, dos, Ultraviolento”. 

Hay dos ediciones de este libro, la inglesa, que tiene un capítulo más que la estadounidense que decidió, luego de ser estrenado el film de Kubrik, amputarlo. 

[1] Burgess, en este libro muestra su gran manejo de idiomas, inventando uno propio, inspirado en el ruso, llamado “Nadsat”, que quiere decir adolescente en esa misma lengua, o sea, los adolescentes tienen su propia forma de hablar y drugos significa: amigos.